jueves, 3 de mayo de 2012

Capítulo 11- La influencia del macabro y rubio telar


Cody era un joven estudiante de pelo color zanahoria, con una mente brillante, presidente del club de informática, facilidad para las matemáticas y amante de las tecnologías.

En el instituto no era demasiado popular, a pesar de su evidente palmarés de aptitudes, pero suponía que las cosas mejorarían cuando ingresara en la universidad para hacer informática, o matemáticas, o tal vez ingresara en el MIT para hacerse ingeniero de...

Bueno, la verdad es que no tenía mucha idea de lo que iba a hacer después de graduarse en Olympia. Lo que sí tenía claro era el hecho de que iba a triunfar, le esperaba un futuro brillante en el laboratorio de lo que fuera, menciones en las revistas de tecnología, una casa enorme, dinero a espuertas, tal vez algún invento y, con un poco de suerte (con mucha en realidad, pero decirlo en voz alta dolía) una chica.

A Cody no le interesaba demasiado el estereotipo de mujer trofeo que sus colegas del club de informática adoraban como las chicas asiáticas, chicas asiáticas en bañador y todo tipo de chicas parecidas a los dibujos manga con accesorios de animalitos adorables.

No, al presidente del club le parecían insulsas y aburridas. Cody prefería a su lado a una Princesa Leia, una Jean Grey (sin su lado psicópata, claro), una Saber o tal vez una atrayente y peligrosa Catwoman. También se conformaría con Lara Croft. En conclusión, Cody quería una chica de acción, poderosa, inteligente, segura de sí misma y, por qué no, sexy. 

Lo normal, vaya.

El joven suspiró, de ilusión también se vive. Siguió cosiendo la tela negra que tenía entre las manos con resignación. Todavía faltaba demasiado tiempo para cumplir sus sueños, de momento tendría que aguantar.

Levantó la mirada y echó un vistazo a la sala de ordenadores. No era tan malo, había conseguido renovar los equipos de la sala y había hecho unos pocos colegas en el club, unos amigos que compartían horas y horas online en Ragnarok, Warcraft, Diablo... Eran cosas suyas.

Tenía el ordenador encendido, su monótono zumbido lo reconfortaba como una chimenea chisporroteante arropaba una tarde de invierno. Dio la última puntada y remató con un nudo. Estaba bastante orgulloso de sus habilidades de costura, incluso sabía usar la máquina de coser de la abuela Newman.

-¿Vas a vestirte del hombre invisible o qué?

Cody se asustó y dio un respingo en la silla, dejando caer al suelo lo que con tanto mimo había estado trabajándose.

-Joder, Proxy eres...

-¿Soy qué, presi?

Cody recogió su obra y la escondió de la vista de la única chica del club de informática. Proxy iba vestida ese día al estilo de la heroína de Scott Pilgrim, incluso llevaba la gafas de aviador en la cabeza. Cody se levantó para evitar que ella tuviera la ventaja de la altura, ya era suficiente con sus comentarios mordaces y su siniestra inteligencia de serpiente.

-Una bruja -dijo en voz baja, en voz demasiado baja para que nadie normal pudiese escucharle.

-Sí, pero estás loco por mí, Ciclope.

El comentario lo pilló desprevenido. La referencia al disfraz de La Bruja Escarlata que iba a llevar ella en el baile y la relación de su personaje con Cíclope, historia que salía en Ultimate X-men y que por supuesto Cody se había leído porque X-men era la mejor historia de superhéroes del planeta y todo friki que se preciara debería haberla leído al menos unas vez en la vida y saber los nombres de la patrulla X de memoria. Amén.

Maldijo en silencio no haber escogido a Cíclope para su disfraz, pero claro, Cíclope era un superhéroe y el baile era de Halloween, tenía que dar miedo ¿Y qué daba miedo? Los villanos.
Notó que se estaba quedando callado demasiado tiempo, corría el riesgo de quedar como un auténtico idiota, él era el presidente, por dios, tenía que decir algo ya, no podía quedarse callado, ¡necesitaba decir algo!

-¿Q...Qué, qué? -fue lo más inteligente que se le ocurrió.

Proxy sonrió, complacida con su propia maldad.

-No podrías ser Cíclope ni aunque quisieras, presi. Tienes la inteligencia de una sepia y la sensualidad de una ameba.

El pelirrojo apretó los labios y se irguió en toda su dignidad presidencial. Nadie, NADIE, se metía con la inteligencia del líder del club más selecto de todo el Olympia.

-Pues tú...

-Sí, sí, lo que quieras -le interrumpió Proxy, sentándose en la silla que le correspondía y sacando su iPhone 4S color blanco, último modelo-. Oye, ¿Dónde está todo el mundo?

-¿Los chicos? -respondió Cody, sin relajar su alerta permanente-. Están en las clases de recuperación de gimnasia.

-Ah, esas...

Los integrantes del club de informática no eran... demasiado atléticos, por así decirlo. Así que la directora Baker-Cook había montado unas clases extra de actividades deportivas a las que había obligado a apuntarse, amablemente y con una metralleta de sonrisas. Primero a los miembros del club y luego a todos los alumnos que ella consideraba un poco rellenitos.

Cody se había salvado por muy poco, el no tener sobrepeso era lo único que lo había eliminado de la lista, junto con una larga charla con Baker-Cook. Charla en la que la directora le había ofrecido un total de 43 caramelos de fresa sin azúcar y se había pasado media hora (cronometrada) sin parar de hablar sobre lo bonito que era el club de informática, lo importante que era que los chicos tuvieran aficiones y que... Cody había desconectado tras los primeros 15 minutos.

“Los chicos de hoy deberían comer más verduras, Benjamin, querido” así había concluido su reflexión.

Cody se volvió a sentar y fingió poner mucho interés en cómo su ordenador reanudaba la sesión mientras observaba los movimientos de su particular némesis por el rabillo del ojo.

-¿De qué te vas a disfrazar, presi? -preguntó la joven

-Eso es información clasificada

No quería darle más excusas a Proxy para que se burlase de él, prefería que supiese lo mínimo posible sobre su elección para evitarse a sí mismo un calvario de bromas pesadas y referencias humillantes a su personaje. No era que no confiase en su elección, de hecho le parecía original y brillante, definitivamente muy acertada para su posición. Lo que pasaba era que Proxy... En fin, no podía evitar meterse con él.

La susodicha echó un vistazo a la tela negra que reposaba encima del escritorio de Cody, éste tapó su campo de visión inmediatamente y guardó el disfraz en una bolsa deportiva de Space invaders. Bolsa que, por cierto, jamás había contenido una sola prenda destinada a hacer deporte.

-No me lo digas... -Proxy se llevó una mano a la frente, imitando a una adivina-. Veo oscuridad... 
Veo... ¡A Venom!

Cody abrió mucho los ojos, su disfraz no era del villano de Spiderman pero lo cierto es que había sido una de las opciones que había barajado.

-Te equivocas... -balbuceó.

-Sí, ya, claro. Seguro que vas de Spiderman oscuro, lo de pagafantas con complejo de inferioridad que quiere ser “guay” te pega tanto...

El presidente del club de informática tenía que aguantar los mordiscos de la venenosa boca de Proxy tan a menudo que sus provocaciones prácticamente ya no tenían efecto en él. Aunque nunca dejaban de sacarle de sus casillas, intentaba por todos los medios que no se le notara. Miró a la chica levantando una ceja pelirroja y chasqueó la lengua con desdén.

-Oh, Cody, me encantan tus cejas de zanahoria cuando te enfadas.

Proxy siempre con sus bromas... ¿Por qué era una broma, no?

-Por cierto, Parker, ¿Con quién vas a ir al baile?

El sistema nervioso de Cody se colapsó. En su cerebro se juntaron miles de preguntas al mismo tiempo, lo que hizo que sólo pudiera murmurar una retahíla de sonidos incoherentes. ¿Con quién? ¿Cómo que con quién? Eso hacía referencia a una pareja ¿Qué pareja? ¿Qué estaba pasando? ¿Cuándo había pasado de baile de halloween a baile de parejas?

-Yo no sabía...

-Claro que no lo sabías, presi. Estás demasiado tiempo en el mundo online, nunca te enteras de nada.

-¿Cuándo se ha decidido lo de la pareja?

-Al parecer -murmuró Proxy, mirando distraída su correo en el iPad que acababa de sacar-, lo decidió la cacique esa del equipo de animadoras, está en el comité.

-¿Sharon?

La sombra de la jefa de animadoras seguía acosándole incluso sin estar presente. La popular reina del instituto tejía el destino de los estudiantes en su macabro y rubio telar, ¿De quién había sido la idea de meterla en un comité y darle más poder del que ya tenía?

Nunca iba a poder escapar del poder dictatorial de los pompones. Por un momento, la idea de que la rubia fuese su deslumbrante pareja para el baile, danzó en su mente. Se regodeó en el pensamiento. Claro que Sharon le daba miedo, y si se hubiese enterado de esa fantasía habría acabado con su vida al instante.

-Quita esa cara de bobo. Pues sí, Barbie Avner. ¿Quién sino?

-Y si no vas con pareja...

Proxy soltó una carcajada.

-No creo que a nadie le sorprendiese que tú fueras sin pareja.

Cody bufó. Toda paciencia tenía su límite.

-¿Y por qué? ¿Eh? ¿Porque soy feo? ¿Porque soy un pringado que se pasa las tardes en el sótano del instituto jugando a cosas “frikis” con sus amigos gordos? Pues te recuerdo que tu también estás en este club de pringados, así que no te rías tan alto.

La chica se quedó quieta. Sin darse cuenta, el otro había levantado un acusador dedo índice, señalándola con furia.

-Porque no hay nadie lo suficientemente bueno para tí, Cody -dijo Proxy con voz seria-. Aunque ellos no lo sepan. Por eso.

Se levantó de la silla, recogió sus cosas y abandonó el club.